Quiero pensar tantas cosas que estallo y me enredo entre ideas, sueños y desvaríos típicos de deseos vanos mientras espero que esto no me esté pasando. La cabeza no aguantará. En algún momento se desbordará. No quiero vivirlo. Tampoco perder. Imposible.
Estabas allí, en medio de la gente, libre, sonriente, feliz y valiente; iluminados por aquella luz mágica, soñando despiertos y llenos de vida, acabamos volando entre las estrellas.
Es rara la sensación cuando me quedo sin ideas. El mundo enmudece con lágrimas efímeras, la escarcha quema, hace heridas en la piel. Los rayos matan lo que pienso y lanzas un cable y me rescatas de la tormenta mental en el océano gris de las palabras. Y que después de tantos sinsentidos venga la tan ansiada calma.